miércoles, 1 de diciembre de 2010

Adiós pequeña adiós

Alzo la vista al cielo, la noche está tranquila, la luna brilla como si del sol se tratara iluminando por completo toda la plaza. Miro la calle, se encuentra desierta, callada, muerta...

De repente una silueta muy familiar resalta entre las sombras que dejan los edificios. Me incorporo y me dispongo a llegar a su encuentro, cuando comienza a correr y como si fuera una persecución la sigo por las calles, pero es más rápido que yo, no consigo la consigo alcanzar.

Ha desaparecido por completo, pero su perfume impregna el aire, un perfume que me resulta familiar, no consigo ponerle nombre a ese perfume pero sigue dentro de mi cabeza...

¿Eres tú? ¿Que haces aquí? Solo puedo imaginarme que eres tú, volviendo para atormentarme, mortificarme y hacerme volver a perder todo por lo que estoy luchando. Sé que eres tú, ese perfume cada vez cobra más sentido, esa silueta que comienza a decantarse y me da la certeza...

Alzo mi cabeza, comienza a llover, vuelve ese sentimiento que consigues sacarme, esa espina que me hace perder todo... Mi confianza, mis ganas e incluso mi propia vida.

Vuelvo a poner la vista en la calle y te veo delante de mi; mojada por la lluvia, sonriéndome, señalándome, pidiendo que coja tu mano...

Esta vez no cariño, me toca vivir a mi. Según doy media vuelta y me voy perdiendo por las calles y entre la lluvia oigo tus últimas palabras: Soy tu sed, tu fe, tu quién y tu por que.

Puede que tengas razón querida, pero me toca vivir a mi...

Adiós pequeña adiós.

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