Veneno que corre por mis venas, me hace ir más rápido y recordar constantemente. Recordar cada rostro que se ha ido y que no volverá. Forzado a trazar cada palabra que mi cabeza tiene reclusa. Obligado a liberar mi alma. Poco a poco, palabra tras palabra llegará el momento de ser libre de este veneno que recorre mis venas, mi alma y hace mi mente colapsar.
Nadie dijo que escribir fuera algo sencillo, indoloro y rápido. Nadie mencionó los folios en blanco, las noches en vela y las paranoias constantes.
Tratas de recomponer los pedazos, que cortan cual cristal. La claridad no ofrece la tranquilidad. Por mucho que nos empeñemos en evitar dañar, nunca se llega a conseguir.
Pienso, actuó, daño y vuelta a empezar. Bucle dañino y nocivo, donde el resultado no varia: el dolor.
Repasar la fórmula, mejorarla a cada paso y sin resultados fructíferos. Demasiadas lágrimas veo a mi alrededor, mucha gente buena que sufre sin merecerlo.
Mientras tanto recojo los sentimientos que me brindan y los guardo en frascos de formol. Con ellos intento reconstruir el momento sin pretextos, sin remordimientos.
Poner orden al caos emocional, sin dilación. Ser el que no ca se perdió en el pozo de los deseos.
Ser quien pelea por la libertad, hasta que mi cuerpo no pueda más.
Y si pudiera pedir que no llorarás más y vieras que algún día tu deseo se hará realidad.
Deseo que pediste en el pozo donde yo me perdí, pero tú me encontraste para salir de ahí.