Cuando ellos vuelven no hay vuelta atrás...
No hay remedio para deshacerte de ellos...
No hay forma de detenerlos...
Difícil derrotarlos...
No podemos pelear contra lo que no podemos ver, esas son las peores batallas con las que tendremos que lidiar en nuestro camino. Seremos golpeados hasta la saciedad, a diestro y siniestro. En algún punto sacaremos nuestra rabia, trataremos de defendernos. Nos levantaremos la miraremos a los ojos y le diremos- Ven ¿a qué esperas?- Nuestra defensa será inútil, no aguatará la primera enmbestida y volveremos a "besar" el suelo.
Son esos los momentos, cuando estamos en el suelo, en los que nos da por pensar en cómo hemos llegado a esta situación, nada idílica, de la que sólo queremos salir. Cerramos los ojos, deseamos no estar ahí, queremos que pase rápido. Pero eso no pasa, sin embargo nos arrastramos, buscando la forma de levantarnos y ponernos en pie. Una vez en pie nos envalentonamos y esbozamos un - ¿Eso es todo?- Rebeldes hasta el final, aunque sin una causa aparente.
Una vez me dijeron que a los problemas hay que mirarlos a los ojos, de esta manera obtendremos la fuerza necesaria para hacerles frente.
Yo observo cada mañana mis cicatrices en el espejo y trato de descifrarlas una a una. Intento comprenderlas, pues ya forman parte mí. Son lo que me definen y lo que me recuerda donde fallé, donde debería haber apuntado y donde debía haberme dirigido.
Son batallas difíciles, pero no imposibles, aunque siempre haya un alto precio a pagar....
Así son las confrontaciones con nuestros fantasmas. Duras, difíciles y con un final siempre incierto...