La lluvia golpeaba con fuerza el cristal de la habitación del hotel. Liam observaba como el agua corría cristal abajo mientras la intensidad de la lluvia iba en aumento. Dejó de mirar el cristal, fijó su mirada en la botella de whisky y decidió que era el momento.
Vaso tras vaso su juicio se iba enturbiando y no era capaz de pensar con claridad. En su mente no hallaba la razón para justificar cómo había acabado así.
¿Dónde lo habré puesto? Estaba por aquí.
Rebuscando en su maleta encontró lo que buscaba: su arma. La miraba fijamente, como si esperara una respuesta ante tanta confusión.
Dejó la pistola y la botella en la mesa de noche y fue directo al baño a refrescarse la cara. Se miró al espejo, y una y otra vez se hacía la misma pregunta.
¿Cómo he llegado hasta aquí?¿Por qué me está pasando a mí?
Harto y cansado de todo, su rabia se apoderó de él y golpeó con todas sus fuerzas el espejo. Miraba sus manos ensangrentadas como si de una visión se tratara.
No hay forma de salir de esta. Esto empieza y acaba conmigo.
Corrió hasta la mesilla de noche, cogió la pistola y se apuntó en la sien.
Sabía que esto me superaría. Sólo era una cuestión de tiempo.
Liam lloraba y fuera llovía a cántaros.
martes, 27 de diciembre de 2016
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