La noche estaba tranquila y sólo se oía el viento. De fondo la música trataba de hacerse paso en mis pensamientos, pero no obtuvo éxito alguno. Finalmente sólo quedábamos mis pensamientos y yo.
Conexión entre mente y sentimientos, la cual hacía tiempo que no me daba con tanta fuerza.
La oscuridad envolvía todo el paisaje y tan sólo se apreciaba la tenue luz del coche en el horizonte.
Una idea rondaba en mi cabeza, algo confusa, tratando de hacerse un hueco protagonista de la noche.
¿Cómo dos personas conectan en un instante? ¿Será real?
Supuesta conexión nacida de la nada, salida de dos seres desconectados el uno del otro, pero unidos por los mismos temores, por los mismos fantasmas.
Algo dentro pide precaución, pero otra parte pide a gritos ganas e ilusión. Difíciles disyuntivas cuando sales a la calle con el chaleco antibalas puesto. Siempre el miedo a errar está presente y no permite ver luz.
Con mil teorías y sin ninguna respuesta, la música volvió a tener el protagonismo que andaba buscando...
Y así es ese momento de trance. Donde por unos instantes te evades y buscas respuestas, aunque la mayoría de las veces no encuentres nada...