Caer, levantarse, caer, levantarse, caer, levantarse...
Todo un círculo vicioso si lo miramos desde fuera, desde un punto objetivo, cosa que no es muy fácil.
Es cierto que es muy fácil ver las cosas desde fuera, desde otro prisma, pero no creo que nunca lleguemos a comprenderlo desde fuera. Hace falta estar dentro, hace falta sentir el dolor, hace falta entender los miedos de uno... Sólo así podemos hacernos una idea del todo.
Tratar de comprender es como meterte en la cabeza de esa persona. Tratas de ver en su interior para encontrar una solución que palie tanto dolor, pero es un viaje peligroso. Muchas veces podemos ver más allá de lo que buscábamos, más allá de lo que quisiéramos ver y eso nos cambia. Saber que nos metemos en terreno pantanoso no parece suficiente motivo para salir de ahí. Muchos ojos infunden malas vibraciones, pero parece que esto va ligado a la curiosidad y no paramos de mirar.
Buscar esa comprensión es como pedirle peras a un olmo muchas veces. Hay grandes oyentes, personas que saben escuchar, que tratan entender y no pueden ayudar. Por mucho que se escuche no se llega a tener una idea general de todo...
Al final sólo nos queda gritar... Gritar nuestro miedo, aunque muchas veces sea en silencio...
Cansado de esta situación escribo mi indignación, mis ansias de mirar las noches de otra manera, de poder poner en jaque a mis miedos, a mis temores y dejarme llevar. Quiero volver a sentir lo que sentía cuando miraba sus ojos... Quiero volver a perderme y poder parar el tiempo...
Quiero la emoción de la primera vez, poder ver esos ojos y no preguntarme ¿Por qué?
Pero como siempre, esto esta fuera de nuestro alcance. Las cosas vienen solas, no podemos hacerlas venir. Así es la vida.
Una ruleta, un carrusel del que no sabemos que nos puede deparar. Un circulo vicioso que ha simple vista no tiene fisuras.
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