Toco tu mano, acaricio tu piel. Esto acaba de empezar. Nos miramos sin mediar palabra, pero el mensaje es más que claro.
Alcoholizados nos mostramos tal como somos. No te quito la vista de encima y la música ayuda a envolver la atmósfera.
Ven, acércate, déjame desvestirte despacio, deja que acaricie, que bese cada recoveco de tu cuerpo.
Hechizado por tu piel morena y esa cara angelical.
Hechizado por tu piel morena y esa cara angelical.
Cara angelical que esconde a toda una guerrera, esconde electricidad, esconde iniciativa, en definitiva, esconde control.
Un infierno debajo de las sábanas, repleto de gritos de placer. Sábanas que llega a estorbar, que no dejan fluir al descontrol. Un descontrol sin fin, una batalla, donde cada uno busca la rendición del otro bando.
Momentos eléctricos, besos sin fin, guerra sin cuartel, sexo por doquier.
Mirar tu cuerpo desnudo envuelto entre las sábanas, observar tu cara, buscar tu mirada y ambos pedir a gritos otro momento de placer.
La guerra está servida.

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