Amanece, me miro el espejo, mis ojos recién abiertos
me piden dejar de ver. Me echo agua en mi cara trato de olvidar ese sueño,
trato de hacerme a la idea que es imposible. Me miro al espejo, una tonta
sonrisa se dibuja, una sonrisa imposible de borrar, si es ella, apenas tengo la
ocasión de verla, algo que llevaba enterrado.
Verla es indescriptible, increíble e impresionante...
Es curioso ver como las cosas que nos ilusionan nos
empujan a seguir adelante, nos dan la fuerza necesaria para decir que todo vale
la pena, que nos enfrentamos ante las adversidades e incluso nos hace cometer
tonterías. A pesar de las tonterías, de las ganas y de la ilusión, al
final del día, cuando nos metemos en la cama, sabemos que no son más que
simples y meras ilusiones...
Puede que algún día se conviertan en realidad, pero de
momento solo nos queda soñar...
Pero, ¿Qué pasa cuando no peleamos por nuestras
ilusiones? ¿Qué pasa cuando nos echamos atrás?
Es triste pero cierto, muchas veces evitamos soñar,
queremos tener los pies pegados al suelo, renunciamos a nuestras ilusiones y
sueños, por miedo a no poder vivirlos, por miedo a cambiar.
Esta claro que las cosas no siempre salen como uno
quiere y a fin de cuentas, hay que arriesgar y pelear por lo que uno cree.
Aun así volviendo a mis ilusiones, al final de los días espero
impaciente el momento para volver a la cama y volver a buscarla.
Esa es la luz dentro de la oscuridad, y todos tenemos una luz dentro de
nosotros... Solo hay que buscarla.
Genial el texto, por mucho que queramos escapar de los sueños, el desear es un raso inherente al ser humano. El anhelo de lo que no se tiene o de lo que se ha perdido nos persigue y guía nuestros pasos y decisiones.
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